MANIFIESTO
Conoce nuestros ideales como escuela

Como educadores/as entendemos la educación como un proceso de transformación social y cimiento fundamental, en el que los actores involucrados (estudiantes, profesores/as, apoderados, paradocentes, etc.) forjan su carácter, libertad, y construyen comunidad.
Esta va enfocada a construir agentes críticos, capaces de producir cambios y desarrollar nuevas lógicas sociales a partir de valores fundamentales, como la empatía, la solidaridad, el respeto, el compañerismo, el trabajo en equipo, la imaginación, la inclusión y la cooperación, los que deben estar posicionados en un contexto de horizontalidad. Así también entendemos la educación como la encargada de desarrollar el autoestima, la curiosidad y la felicidad, esto es, sujetos reflexivos e incómodos frente a la realidad, pero autosuficientes y plenos en sus decisiones. Reconocemos que la educación se enmarca en un mundo complejo, el cual comprende distintas posibilidades de vidas, vocaciones y talentos. Por ello, la forma de enseñanza debe ser personalizada basándose en los procesos de construcción y autoconstrucción de todos los sujetos involucrados en el proceso educativo. Desde aquí también se comprende la necesidad de ofrecer oportunidades a todos por igual, sin centrarse solo en perfiles de carreras productivas o funcionales al modelo económico actual, ya que es esta visión una de las principales fuentes de frustración, tanto de educadores/as como de educandos.
La educación debe ser un proceso multidireccional y horizontal, y no debe obviarse la forma en que se transmiten los saberes, tanto estudiantes como profesores/as se encuentran en constante aprendizaje unos de otros, formando así una comunidad en un acto de respeto y empatía, que necesariamente considere todos los aportes e intenciones de la totalidad de las partes. Es de esta forma, que la educación se transforma en un medio para la búsqueda y la lucha por la validación personal y social de los individuos. Por lo anterior, consideramos que toda la formación de habilidades, herramientas y actitudes deben girar en torno al modelo de sociedad al que aspiramos. Por último, y asumiendo el rol social que tiene la educación, creemos que las problemáticas, fisuras y demandas sociales incluyen al individuo. Y es tarea de la educación poner en evidencia los caminos para comprenderlas, y entregar el espacio para poder imaginar, crear e innovar respuestas en un campo infinito de posibilidades.
En la actualidad, desde una lógica capitalista, la educación es considerada como un bien de consumo y un proceso que acrecienta la segregación socioeconómica. No forja la identidad, sino que genera un estudiante modelo que obedece a los cánones impuestos por el mercado, desconociendo al ser humano y a su contexto. Así, la educación deja fuera los valores que consideramos fundamentales tanto para el desarrollo del individuo como del colectivo.
Esta ideología ha moldeado las decisiones en materia de educación en Chile, condicionando la formación educativa bajo parámetros productivos y economicistas, ignorando el contexto territorial y social de los participantes del proceso educativo, e
incluso, el aporte que cada disciplina indistinta de su naturaleza puede entregar a la sociedad.
Consideramos que la visión actual de la educación en Chile, atenta contra la formación integral de los estudiantes, los cuales son tratados como recipientes vacíos en los que se depositan conocimientos de manera superficial, abstracta y de manera completamente aislada de su entorno. Ello desemboca en una ciudadanía pasiva, des-empoderada y carente de iniciativa. La competencia por sobre la colaboración de las comunidades obstaculiza el desarrollo social y espiritual de éstas, reflejándose esta situación en los instrumentos evaluativos actuales. Pensamos que una prueba de carácter estandarizado atenta contra varios aspectos educativos en los que nosotros, como educadores/as populares, creemos. Pruebas tales como el SIMCE y la PSU, no toman en cuenta el contexto local de cada establecimiento y comunidad educativa. Chile, por su particular geografía, presenta una amplia gama de quehaceres económicos y de desarrollo cultural a lo largo de su territorio. Actividades agrónomas, portuarias, forestales, turísticas, artísticas, espirituales y culturales específicas de cada zona, son de vital importancia para el desarrollo integral de cada comunidad y sus participantes. Criticamos el hecho de que estas pruebas no consideren lo dicho anteriormente, y más grave aún nos parece la atribución castigadora que los resultados de estos instrumentos de evaluación tienen sobre dichas comunidades. Finalmente, debido al uso que se le da a los resultados, tanto el SIMCE como la PSU, se convierten en instrumentos segregadores cuya utilidad principal es castigar, mercantilizar y segmentar a la población en desmedro del espíritu evaluador, analítico y resolutivo que debiesen tener con miras al desarrollo de la educación.
La EPPF nace respondiendo a una necesidad por espacios en los que se puedan formar comunidades, donde los/as jóvenes desarrollen su identidad libremente, y como una alternativa más amena a la educación formal. Para cumplir dichos objetivos, creemos necesario que los educadores creen espacios en los que los/as estudiantes puedan expresar su creatividad y encuentren respuesta a sus inquietudes individuales, en un ambiente donde se sientan cómodos, libres en escoger su propio aprendizaje, acogidos y felices por compartir. Consideramos fundamental que durante las clases y en todo momento debe dejarse en claro la existencia de una relación horizontal y próxima.
En esta lógica, nuestro proyecto educativo se piensa desde individuo al colectivo, y desde la escuela hacia los diferentes contextos de todos los miembros de la comunidad educativa, centrado en la orientación vocacional y en el desarrollo de las diferentes capacidades potenciales de los/as estudiantes, y no en un conjunto único de capacidades específicas donde prime un programa que desarrolle un cierto modelo humano. Más bien, apostamos por un programa basado en la diversidad de todos los actores involucrados.
Por ello, consideramos necesario asumir la transdisciplina como un elemento central para entender y comprender el mundo, así como para generar críticas y cambios sociales desde diferentes áreas del conocimiento, tanto científicos humanísticos, como prácticos y artísticos. Debemos ser capaces de generar y abrir espacios flexibles, ya que el aula tradicional no ha satisfecho ni satisface nuestras necesidades como organización. Por lo que el espacio donde se desenvuelva la experiencia de aprendizaje es programado para
dicho fin. Destacamos el rol creativo que debe tener la escuela, en el sentido de que tanto estudiantes, profesores/as seamos capaces de generar diversos conocimientos y lograr diferentes formas de este. Para conseguirlo, es necesario que como educadores/as, estudiemos y diseñemos nuevas metodologías que debemos ser capaces de poner en práctica.
A partir de estos planteamientos es que consideramos que estamos en una oposición al modelo tradicional chileno, dado nuestro énfasis en la transformación y no en la reproducción social.
Finalmente proponemos posicionar a la escuela como un semillero educativo. Es decir, como un organismo que, consciente de los contextos sociales y territoriales que dan cuenta los mismos estudiantes, sea capaz de darles las herramientas que estos requieren para poder generar un impacto efectivo en sus propios espacios. Como una suerte de educación táctica donde lo territorial y lo no-territorial confluyen y se complementan para proyectarse en un cambio social.